La espera de un milagro para todos los viernes

Estándar

Fray Cobayo sale a cazar una esperanza todos los viernes. Desea con fervor ver el milagro de una puerta; la de una que hasta ahora no se ha abierto… al menos no para él. Se sienta y observa. Santa a su lado. Y entre charlas, caricias y toneladas de café molido -diluido en una gota de agua a punto de evaporar-, pasa el tiempo. A veces, Roberto -el de los mil nombres, nos acompaña con su fotográfica prescencia. Otras Ome, sentadita con sus cuchillos bien afilados, con sus uñas negras y las llamas del infierno ardiendo en sus ojos. Casi siempre está Anafilia, divagando, extrañando, yendo de ida y vuelta al pasado, trayéndonos presentes abominables y sacando a pasear viejos monstruos moteados. Lady blue a veces viene con el Otro Señor Director (no el huele-pedos, otro), pero a últimas fechas sus visitas han sido contadas. Como sea, sólo o acompañado, el Cobayo espera un milagro prefabricado.

Espera… esperar… esperanza… En la eterna espera de esperar un esperanza…. ¿Hay esperanza de esperar?

Corriendo. Ando, iendo. ¿To so cho? Conjugar la vida en tiempo presente. Con-jugar. Jugando. Me juego la vida. Me juego la cordura. Siempre pierdo los juegos de azar. Materializo el presente en pasado continuo. Pasado imperfecto. Presente desecho. ¿Futuro devastado? Soledad en las tres personas. Estoy solo. Estoy sin tí. Estoy sin él/ella/eso. El nosotros sólo existe en los territorios divinos. Nosotros ahora no estamos. Sólo estoy yo. Multiplicándome por cero. Restándome el pasado. Dividiendo el futuro. En trocitos. Pedacitos de cielo roto. Despejado de cristales. De agujas como gotas de lluvia. Que mojan y empapan esta miseria de todos los días. La piel como un traje muy usado, roído por el tiempo, agujereado por las polillas anacrónicas… siempre fuera de moda. Out. In. Out. In. Un suitcheo interminable que se desdice a sí mismo. Que se prende y apaga con un detector de movimiento. ¡Que nadie se mueva! Que si no, que si no, no sale en la foto… no sale conjugado en pasado.

… Where’s your head at…

Quemé un cd lleno de MP3. Ahora Puebla suena a surf, a las Ultras, a Lost Acapulco y a Mamá Pulpa. También a Black Box Recorder, Janis Joplin y Eugenia León. Suenan a mí estas calles que se han acostumbrado a mis pisadas duras y sombrías, a mi paso arrastrado y al cojeo de la pierna izquierda. Se han acostumbrado a que las mire todo el tiempo, a que no levante la vista ni para ver el cielo… prefiero verlo en un charco de orina a verlo directamente… siempre tan azul y aburrido.
Espera… esperando… esperanto… el lengua universal marca hastío como la palabra clave para entender la experiencia humana en su totalidad; eg. Una sala de espera.

Anestesia local para aliviar los achaques de un pasado dorado.

Estándar

Fray Cobayo sentado a la sombra de un árbol anónimo. Divaga entre quitarse las botas o no. En sus oídos el viejo soundtrack de los días pasado (sobre-pasados). Nirvana, Peral Jam, Portishead, Bush, Sound Garden, Green Day, Radiohead… incluso Mugricio metió en ese CD una canción de Silvio Rodriguez (¿?). Pero también hay Alanis Morriset, Cranberries, Weezer y Hole. El CD divaga entre lo fresqui extraordinario y la contracultura moderada de corte grounch. Fray Cobayo decide no quitarse las botas. Tiene demasiado sueño.

1.- Lo peor del pasado, es tener esa estúpida seguridad de que no volverá a repetirse; despierta princesita, Sisifo te espera de nuevo.

Hay quienes matan por tener una regresión a la prepa o la secundaria. Yo estoy dispuesto a matar con tal de no regresar a ese huequito de Satanás. Jamás entenderé ese burgués afán por regresar a los periodos más inestables de la vida psíquica. Empiezan a hablar de sus viejos tiempos y los ojillos se les iluminan a los muy pendejos. Ejemplo número uno, el señor Productor Ojos Claros. Típico caso de burgués patológico atrapado entre la libertad que le da un chevy y la esclavitud de conducirlo al rededor de sus señores padres (de buena cuna poblana, por cierto). El señor señorito Ojos Claros cada que puede rememora sus vivencias en el antiguo colegio… sus hazañas de sorprendente liderazgo, pedas insuperables y emocionantes chascarrillos sentimentales jugados a sus arcaicos docentes jesuitas. Escuchar una más, me parece insoportable.

…I’ts just a little bit of history repeting…

Despertar. Amanecer. No es lo mismo. Anestecia local para soportar el peso completo de las cinco de la mañana. Café frío en la leche caliente. Buscar a tientas la llave de la regadera. Girarla. Constatar que ya no hay agua. Bajar las escaleras para prender la bomba. La bomba explota, ya es de día. El agua subiendo por tubos. Mandar la vida por uno. Bañarse con agua caliente. Tener calor todo el xodido día. Tomar café con leche a manera de desayuno. Abrir los ojos a manera de estar vivo. Ser amanerado y no morir en el intento. Fracaso inminente, soy una maldita lesbiana. Mirar los toros desde la barrera. Recargado en la barra con una cerveza Indio frío; mientras, todos bailan. Sonreír por compromiso. Saludar por aburrimiento. Besar una mejilla porque cuesta menos que sentir algo por ellas. Decir adiós porque es lo único que realmente te alegra. Cerrar los ojos, sentir los bordes de la sábana. Estirar la manos, constatar el vacío. La cama que se agranda por las noches. Dimensiones épicas. Soledades mitológicas. Anestesia local para saber que esto pasó ayer; luego entonces, pasará mañana.

Pasado… casado… tarado… varado… cuadrado… todo lo que ya pasó fue tan sólo un trámite burocrático para tener este presente… bienvenida sea la mierda.

Fray Cobayo se queda dormido bajo el árbol anónimo; su árbol del conocimiento. A unos escazos metros, sus alumnos lo miran con cierta sarna que sólo sus afilados dientosaurios le permiten tener. Bromena a sus costillas. Y en su cara. Pero a Fray Cobayo le vale; ellos le pagan por hablar, a él le pagan por mentir. Cuando despierta, Fray Cobayo se da cuenta de algo. Está atrapado en el pasado. O tal vez sólo sea que su presente es tan imaginario como el futuro.

Crónica chafa de un vuelo charter sobrevolando inconexas emociones

Estándar
Fray Cobayo sentado en una mesa. Tres parejas de jóvenes adultos contemporaneos conversan. Conversan su estupidez, de izquierda a derecha. Una lluvia de ideas. Aguacero de estupideces. La ex-haciendo de los Morales (Uy, ¡qué naaais!) como marco de referencia. Y Fray Cobayo usando un trajecito muy mono. Uno que no combina. Se ve mono porque es igualito a un chango. Pero eso sí, a uno de Chapultepec, ni madres que de Zacango, Africam o Zoofari.

Las rejas de Chapultepec, las rejas de Chapultepec, son verdes, son verdes, nomás para usté.

Silencio. Todo ocurre en silencio. Con hilos invisibles, invencibles. Los hados sosteniendo el hilo, tensándolo y cortándolo con tijras de punta chatitas. Las tres parcas con un sólo ojo; propiedad comunal vs. propiedad privada. La gente que se priva de la risa. Que se priva porque se reprime. Que se priva porque lo hace demasiado. Los significados equívocos formados de grandes a chiquitos. Uno tras otro, uno tras otro.

Bipolaridad… polaridad… polaroid… polar… molar… inmolar… moler… molestar… malestar… Esta bipolaridad chafa es tan sólo parte del malestar en la cultura.
Polanco y sus alrededores. No puedo decir que me la pasé mal. Incluso podría decírce que me la pasé bien. Lo bizarro fue lo extraño. Y lo extraño fue estar dentro de la Iglesia de un tal Loyola, escuchando a una próxima tumba (supulcros blancos, interiores podridos) decir lo importante que es rezar el rosario enf amilia todos los días. Lo extraño fue vestir como me vestí. No me veía formal, tampoco casual, ni siquiera bien; meramente esperpéntico, es decir, as usuall.
En la mañanita cuando sale el sol, sale la gallina y se le ve el calzón.
Fray Cobayo despertó sin grandes angustias. Sus sueños guardados en el inconsciente colectivo. El día aprece ser sorteable, Fray Cobayo transita por él amablemente. Será cosa de ver cómo sobrevive a la tarde… porque siempre es peor en la tarde, siempre por la tarde, EN la tarde. ¡Cómo le pesa esa preposición bellaca al endeble Fray Cobayo! Lloremos por él.
Bipolaridad… bisexualidad… bilateralidad… siempre tendiendo hacia dos alas, cuando no es el miedo, es la depresión… yo siempre vuelo cerca del suelo.

La elección de la temporada de perennes elecciones

Estándar

Fray Cobayo de pie frente a un cartel de la Ibero: “Elige quién quieres ser; admisiones periodo Otoño 2005”. Sonríe, da una calada al cigarrillo y continúa caminando…

Elección… disfución… transfución… conmoción… destrucción… producción… constricción… elegir puede ahogarte.

Elijo no elegir.

Los placeres y deleites de ser una frígida gárgola posmoderna

Estándar

No es que el Cobayo se queje… es tan sólo que estar vivo le aburre. La señorita enfermera Curatodo le regaló un libro de patologías mentales. Una venía subrayada: “Anhedonia: incapacidad para sentir placer”. La señorita enfermera Curatodo tiene un sentido del humor muy extraño. Y eso que apenas hoy se apareció en la vida del beatísimo Fray Cobayo.

Anhedonia… anorexia… catexia… hipercatexia… ortorexia… intrascendencia… dejar de sentir placer es un hecho del todo intrascendente… more helty, more productive…

Escuchar campanas, sentado frente a un monitor. Una corriente de aire suave. Entra. Sentir el cuerpo como si fuera ajeno. Prender un cigarrillo. Primera calada. Pensar algo inútil. Segunda calada. Pensar que lo último que pensastes fue inútil. Tercera calada. Comprobar que los Marlboro sabe a mierda, pero que no puedes dejar de comprarlos.

No sé… hay días en que no sé ni cómo me siento. Podría decir -por costumbre- que estoy, a secas, sin grandes escándalos. Pero la verdad es que estoy sin estarlo, como a control remoto. El día no fue tan malo… de hecho, no fue nada malo. Pero aún así parece un gran desperdicio industrial. Una basura más entre un mundo de basuras. Quisiera preguntarme por qué me siento así… pero sería tan sólo el principio de una concatenación de preguntas abusrdad que terminarías en: ¿y dónde quedó mi queso?

Repartir abrazos y besos porque salen baratos. Caminar bajo el cielo nublado. Dejar a las personas atrás. Y seguir caminando por la banqueta vacía. Amplia. Grande; para que le quepa más vacío.

Fray Cobayo cierra su libro, alza la mano y para el camión. Aborda. Paga. Camina y se sujeta al tubo. La xodida vida pasa… y no sabe si él sobre ella o ella sobre él.

Anhedonia… aneurisma… anemia… a mi estado emocional le hacen falta vitaminitas…

Extraños extrañamientos de un Fray alienado por tanto extrañarse a sí mismo

Estándar

La Niñamuerciélago bebiendo una Corona, el Lobo una Negra Modelo, Fray Cobayo una Indio, siempre una Indio. El bar del Sanborns ambientado por una pianista (eufemismo) que tiene toda la pinta de lesbiana (eufemismo para no decir gorda y de pelo corto… ¡hola homofobia internalizada!).
La plática animada, pero extrañamente adormecida cuando los tres personajes divisan el fondo de su respectiva botellita de cristal. Un poco de sueños, bostezos y una cuenta de $69 pesos por tres cervezas. Exorbitantemente frexa; pero de vez en cuando “los deleznables” (a.k.a. Motor Literario) necesitan volver a sus raíces frexas.
A veces la vida del Fray se convierte en pequeños detalles sutiles, como irse a beber una cerveza… el problema es que la vida de Fray Cobayo está empezando a ser demasiado sutil…

1.- El peligro de volverse tan sutil, es no darse cuenta de lo sutil de la situación.

..Te extraño, como se extrañan las noches sin estrellas, como se extrañan, las mañanas bellas, estar sin tí, por dios que me hace daño…

La música va y viene por mi vida. De repente es Portishead quien dicta las memorias de mi cabeza. Luego es Courney Love o Weezer. A veces Radiohead… pero hoy es Voz en Punto. Desperté con la versión coral de “Bésame mucho”… después se me pegó la de “Te extraño”… o supongo que así se llama. No lo sé. Ambas canciones las traigo como chicle pegado al pelo. Y no sé si quiero cortarlas de un tajo. Me bajonean bastante, pero a la vez -por extraño que suene- me gustan. ¿Será acaso la confianza de aquel que escucha feliz el llanto ajeno porque nunca lo a sufrido?

Sutil… futil… útil… inútil… lo sutil es simplemente inútil.

Fray Cobayo camina por la misma calle de todas las noches. Vestido enteramente de negro, salvo por sus tennis grises. Patalones negros, playera negra, gabardina negra, portafolios negro… y el pelo enmarañado, anudado en una cola de caballo chueca y mal hecha. Los ánimos dispersos. Una cerveza en el estómago y una canción de bar repitiéndose mil veces dentro de su cerebro… su cerebro que da foward y rewind a la meno provocación, que evoca memorias que nunca pasaron y que recuerda futuros que de antemano existieron. Sus pies cansados, sus ojos buscando el camión con la leyenda 29-A. Llegar a la madriguera no representa ninguna satisfacción. Quedarse vagando en la calle tampoco. En Roma tienen nuevo papa, en su cabeza las ideas fluyen sin sentido. Y él, él… él sólo camina…

…Te extraño cuando lloro y cuando ría, cuando el sol brilla, cuando hace mucho frío…

¿Se puede extrañar a quién nunca ha de llegar porque jamás se le ha esperado del todo convencido? ¿Cómo se puede esperar a un fantasma cuya sábana blanca está eternamente dando vueltas dentro de una secadora? ¿Cómo se puede querer a un fragmento torcido de la memoria imposible? ¿Cómo se puede estar vivo? ¿Cómo?

2.- Toda plática acerca del Eros debería ser clasificada como birsutería emocional. He dicho.

Fray Cobayo llega a la madriguera. Sube las escaleras y se sienta en la taza del baño. Prende un cigarro y fuma. No tiene ganas ni de defecar ni de orinar. No se ha bajado los pantalones. Sólo fuma sobre la tapa de la taza. Sólo necesita estar en un lugar más pequeño para no sentirse tan solo y a la vez tan miserablemente acompañado por sí mismo.

Veranos de poca monta en superflua plusvalía

Estándar

Fray Cobayo se sienta frente a la misma mesa de todos los días. Saca su libro, lee. Subraya de vez en cuando, sólo para probar nuevas aproximaciones a la apropiación del texto. Y le dan ganas de subrayarlo todo. Frey Cobayo supone que se trata de retraso mental leve, pero también puede ser este maldito verano que a todos nos apendeja.

1.- Los Marlboro edición especial me saben a mierda. Es tiempo de regresar a mis raíces fumadoras: cigarros Lider.

El final del semestre se aproxima. Empiezan las carreras, las eternas explicaciones de cómo se requieren los trabajos finales. Las faltas comienzan a escasear, tanto a alumnos como a maestros, y todos están con un pinche humor del carajo. Así son las últimas semanas del mes de abril. En mí no hay gran modificación del caracter. Sigo con la hueva de siempre y con las mínimas ganas de salir de la cama. Pero he encontrado una maña. Consiste en despertarme a las 5:30 am y ponerme a deambular por toda la madriguera con una taza de café humeante. Llego a la conclusión de que dormir me hace daño… por eso delimité mis horas de sueño a cinco. Benditos estimulantes lageles… sin ellos sería igual de mediocre, pero sería un burócrata somnoliento.

Verano… vernáculo… verga-culo… el verano se puede malinterpretar de muchas formas…

Fray Cobayo cierra su libro y decide mirar el horizonte. A lo lejos, bañada en las primeras luces vomitivas del día, la plaza Angelópolis se colorea de vasqueantes gamas de naranja. Suficiente contemplación para un lunes. Fray Cobayo se levanta y camina a la cafetería con paso a amargo. No tiene sueño, pero tampoco ganas de estar despierto. Es tan sólo uno de esos días que se viven por requisite. Después de todo, no hay jueves sin vienres, ni jueves sin miércoles, ni miércoles sin martes, ni martes sin catastróficos lunes de pereza absoluta. El camino a la cafetería es un contante suitcheo de calor y frío. El sol quema, la sombra hela. Luz, sombra, luz, sombra, caras maquilladas y perfectas combinaciones cubriendo los horribles cuerpos de gimnasio. Gente hablado de pedas sobrehumanas. Gente infrahumana hablando de pedas. Las pedas deberían hablar pos sí mismas. Y Fray Cobayo llega a la cafetería. Después de muchos intentos, la dependienta se fija en su figura abultada. Le hace un poco de caso y con cierto desdén le da un caja de Marlboro edición especial. El Fray Cobayo paga y sonríe inocente. Por lo menos -piensa el beato roedor- la caja está mona…

2.- No cabe duda, los Marlboro edición especial saben a mierda.

El sueño comienza a dominarme y aún no son las once de la noche. Debo resitir a la llegada de las doce. Manejo la hipotesis de que, como debo preparar clase, el sueño llega de golpe para hacerme faltar a mis deberes. Pero no, no lo haré. O más bien, sí lo haré. Cumpliré. Por lo menos paras las últimas clases del semestre. Mañana toca revisar a los Caracoles Zapatistas y Massimo de Angelis, todo engloado bajo la unidad temática de Utipia. Al parecer, el próximo semestre estaré en Introducción histórica a la psicología y de nuevo en psicología social. Tal vez en verano me oferten estar de nuevo en Personalidad Sana. La cuestión es que no hay grandes ganas de trabajar, tampoco de estudiar. Una mestra me ofreció contactarme con el Tec de Monterrey para entrarle de adjunto en lo que consigo mi título… pero la verdad es que no me interesa, no tengo la energía ni la motivación. Qué desperdicio de vida…

Verano… ver-ano… mirar-ano… mirador… miramar… Miramontes… mirar-montes… en definitiva, el verano es tan de hueva, que uno termina siendo vouyerista de la vida ajena.